Lunes, 19 de agosto

Conducimos dirección norte a toda velocidad (a esas 45, 55, 65, hasta 75 mph. ¡qué desmelene!).  La interestatal 15 nos conduce hacia Idaho por la ribera este del  Gran Lago Salado y atravesando, ya en el nuevo estado, las poblaciones de Pocatello y Idaho Falls, donde se toma la 20 con destino a West Yellowstone. Sí, allí vamos, al conocido Parque Nacional que popularizara Hanna Barbera como Jellystone, donde el oso Yogui y Bubu burlaban a los guardas para conseguir las cestas de comida de los turistas. Hacemos una breve parada en Idaho Falls, una típica ciudad del Medio Oeste para surtimos de carne seca e ir así metiéndonos en el papel.

Idaho Falls
Idaho Falls

Esta ruta es más directa pero menos panorámica que la tomaríamos a la vuelta, por la frontera de Wyoming e Idaho, a través de los bosques de la zona. Ahora sólo nos internamos en el Targhee Narional Forest a última hora.

Nos detenemos, otra vez, en una zona donde los americanos han hecho un museo de cuatro pedazos de lava y unos juníperos. Hay una ruta mejor marcada que la de visita a la Alhambra y vemos que se le puede sacar partido a cualquier cosa. Por aquí cerca pasa una falla, que posiblemente tiene algo de relación con la presencia cercana del Parque Nacional de Yellowstone, donde nos esperan sus géiseres y demás maravillas.

Paisaje típico
Paisaje típico

Llegamos finalmente a West Yellowstone, ya en el estado de Montana, a eso de la media tarde. Teníamos reservada habitación en el Grey Wolf Inn para las próximas tres noches. Ávidos de ver cosas, entramos sin pensárnoslo mucho al parque, previo pago de una entrada anual (que da derecho a visitar todos los Parques Nacionales que se quiera en un año). El caso es que estuvimos en otros dos y en ninguno nos la pidieron. En Yellowstone sí, cada vez que entrábamos. Se trata de un pase familiar, que da derecho al titular y sus acompañantes en un vehículo. Pero nos habría salido mucho mejor de precio el pase individual.

Paisaje típico
Fairy Falls

El Parque está atravesado por una serie de carreteras, constituidas principalmente por un gran ocho en la parte norte y una serie de ramales que a él llegan desde todos los costados. El proveniente de West Yellowstone llega a la mitad occidental del círculo más meridional. 

Nuestra entrada al Parque estaba en las afueras del propio West Yellowstone , y el recorrido hasta el gran ocho era de unas 14 millas de paisaje boscoso pero no demasiado atractivo. Este Parque es víctima de numerosos incendios y se percibe claramente las zonas arrasadas en cada ocasión por el tamaño uniforme de sus árboles, que crecen con furia rabiosa, como para llegar a adultos antes del próximo. Algunos carteles indican los incendios más furibundos, y se percibe la diferencia de altura de los árboles según los años que han transcurrido. Aquí un incendio es, más que una tragedia, revitalizador: mata los árboles ya debilitados por los hongos y las plagas de manera que pueden renacer con fuerza y vitalidad renovadas.

Los animales parece que se adaptan fácilmente a este ritmo frenético, y no es difícil ver a las ardillas campando a sus anchas en troncos calcinados y derribados, protegidos por la maraña de tantos, que es una de las cosas más chocantes al recién llegado.

Después de visitar algunos géiseres, cerramos la jornada en una excursión contrarreloj a las Fairy Falls. Una serie de carteles engañosos en cuanto a la distancia del recorrido y la cáida de la tarde pusieron alas en nuestros pies, temiendo la caída de la noche y aún no muy seguros sobre la facilidad de avistamiento de osos.

A la vuelta vemos, cerca de la carretera, lo que parecen unos alces, pero ya la penumbra dificulta estar seguro.

Cenamos en un chino comida tirando a picante.

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