A media mañana partimos de "Tururú", como llamábamos a la isla, con destino a Papeete, previa escala en Tubuai, en pleno trópico de Capricornio. Volvimos a tener muchos problemas con el equipaje, incluso con amago de dejarlo en tierra que se abortó gracias a un semimotín (nos negamos a sentarnos si no subían el equipaje) y la posterior mediación del piloto, más razonable que el encargado de la terminal.
En Papeete, no dio tiempo a mucho más que a hacer las últimas compras previas al embarque y ver de nuevo el espectáculo de música y danza en el hotel.
El vuelo a Rangiroa fue más sencillo. Apenas pusieron pegas con el equipaje, aunque nos hicieron de nuevo facturar el material fotográfico. Al llegar, nos recibió el personal de Agressor, y se ofrecieron a hacerse cargo del equipaje hasta el embarque, que se haría a las 2, concluída la limpieza semanal del barco. Nos dieron también la posibilidad de contratar una pensión para desayunar y pasar la mañana. Nos lo estábamos pensando cuando empezó a chispear y todos nos apuntamos sin titubeos.

La playa
Tras un desayuno opíparo, algunos pedimos a los de la pensión que nos llevaran a algún sitio a dar una vuelta y que volvieran a recogernos a tiempo de volver al aeropuerto. Así lo hicieron y nada más llegar a la playa, vimos ¡dos tiburones puntas negras y unas rayas!

Rayas
Aprovechamos la ocasión para fotografiar todo lo que se movía (y lo que no), antes de buscar un sitio donde comer pollo con patatas (y alimentar a los voraces y suplicantes perros de los alrededores). Tras volver a la pensión, partimos hacia el aeropuerto, donde nos recogieron y llevaron al puerto, a embarcar en un catamarán increíblemente amplio, de nueve camarotes enormes, amplísimo espacio para cámaras y zona de buceo, salón con terraza y jacuzzi y solarium con hamacas y tumbonas.
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