Viernes, 7 de agosto

Por la mañana, seguía lloviendo. Algunos se quedaron en las pensiones, pero la mayoría intentamos ir a ver las ballenas. Cuando llegamos a puerto, los cámaras estaban regresando. Las condiciones del mar eran malas y había poca visibilidad, pero nosotros, inasequibles al desaliento, salimos en la propia barca de los cámaras. Llovía, y el cielo estaba completamente cubierto. Las olas eran numerosas y amplias, aunque no muy molestas.

Haciendo el pino
Haciendo el pino

La visibilidad en superficie era pésima y eso complicaba mucho la localización de las ballenas y mantenerse luego en posición, porque, sin sumergirse al menos medio metro, no se las veía. En las barcas hacía frío. Después de varias intentonas, con más o menos éxito, nos volvimos al puerto antes de tiempo y allí nos tuvieron esperando un buen rato.

Comimos espárragos con zanahorias y carne con verduras, con macedonia de postre. Pronto iniciamos los preparativos para el regreso, pero pasamos casi toda la tarde charlando de anécdotas de viajes, en las que Felipe es una auténtica enciclopedia.

Pescador
Pescador

Dimos un paseo hacia la playa más al norte, pero nos volvimos cuando empezaba a chispear. Cuando llegamos a la pensión, había dejado de llover y continuamos hasta el aeropuerto. Tras una hora de camino, regresamos.

Atardecer
Atardecer

Por la noche saltaron los plomos y cenamos a la luz de las velas. La cena consistió en cebiche de pescado y filetes de pescado en salsa. De postre, una excelente tarta de plátano. Para ir a dormir, tuvimos que bajar con una vela por la pendiente, enmedio de la lluvia.

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