Lunes, 3 de agosto

Nos levantamos pronto para desayunar y acudir a nuestra cita de altos vuelos: los 35 minutos de vuelo en helicóptero. El ayudante del piloto nos recogiço en el hotel y nos acompañó a un prado cercano desde donde despegamos en dos grupos de cuatro.

La bahía de Moorea
La bahía de Moorea

El helicóptero se elevó con extrema suavidad. El tiempo era perfecto, y la vista espectacular, con el azul del agua profunda en contraste con el celeste del arrecife y el verde intenso de la vegetación.

El trayecto hasta Moorea fue breve y allí el panorama era espléndido. El piloto dio una vuelta a la isla que nos permitió fotografiarla desde todos los ángulos.

Moorea
Moorea

Tras la vuelta a la isla, volamos de regreso a Tahití y pensamos que aunque breve había valido la pena, pero el piloto continuó el vuelo y nos internó en la isla, permitiéndonos observar su perfil montañoso, y alguna de sus cascadas.

El aparato
El aparato

A las 2 nos recogieron para ir al aeropuerto con destino a Rurutu, en las Australes del Sur o Tubuai. Nos pusieron pegas para llevar tanto equipaje pero finalmente, con el exceso de 5 kg. especial para buceadores y el especial tratamiento de fragilidad del material fotográfico, nos permitieron partir hacia la isla. El aeropuerto de Rurutu es pintoresco, pequeño, sin cinta de reparto (unos estantes hacen las veces) y aborratado de gente curioseando. Allí nos esperaba Mamá Ariana, para llevarnos a su pensión en su pick-up de asientos forrados con la misma tela que la de su vestido: floreado y blanquiazul.

La pensión está a 5 minutos en coche, al borde mismo de la carretera, pasado el abandonado Rurutu Village. Desde la carretera, al otro lado de la cual se encontraba el garaje y la despensa y cocina, una pendiente inclinada conducía por una escalinata irregular de hormigón, bajo una cubierta de cocoteros y todo tipo de plantas tropicales, hasta la playa, tras bifurcarse varias veces en senderos hasta los distintos bungalows de la pensión. El mío, "Fara" estaba casi abajo y mamá Ariana iba asignándolos sobre la marcha: ella preguntaba qué chico iba con qué chica y les asignaba una cabaña. En un momento dado, dos amigos canarios, Jose y Javier, osaron decirle que ellos iban juntos. Mamá Ariana directamente me endosó a su bungalow, como para enmendar comportamientos reprochables.

Fran, Ángeles, Cris, Paloma y Juan Miguel
Fran, Ángeles, Cris, Paloma y Juan Miguel

Estaban también hospedados en la pensión un equipo de filmación compuesto por un inglés muy simpático y un francés y un israelí muy antipáticos, venidos a elaborar un reportaje sobre las ballenas, al parecer para la BBC. Quizá su presencia fue la que provocó que se desencadenaran los acontecimientos. Por un lado, una pareja israelí había comentado en el vuelo a algunos de nuestro grupo que había problemas en el barco que después tomaríamos en Rangiroa, sin concretar en qué consistían. Por otro lado, los encargados del snorkel con ballenas, que habían prometido antes de nuestra llegada que podríamos dedicar las tardes libres bien a repetir el snorkel con ballenas o bien a bucear en la zona, decían ahora que no hay buceo en la zona, ya que sólo disponían de tres botellas en la isla, era precisa la concurrencia de uno de ellos como guía y siempre estaban ocupados con las ballenas. Para más Inri, nos dijeron que una barca la tenían estropeada y que, además, había cambiado recientemente la reglamentación y ya no podían llevar a más de seis pasajeros en cada barca, por lo que no tenían hueco para todos nosotros por la mañana y algunos tenían que hacer el snorkel por la tarde. Evidentemente los cámaras estaban ocupando una barca y eso había echado por tierra sus previsiones para cubrir las reservas. Menos mal que nuestros compañeros de Última Frontera lo pelearon para obtener lo máximo dadas las circustancias.

La puesta de sol de esa primera noche fue espectacular. Muchos no se decidieron a fotografiarla, cansados como estábamos, pensando que se iba a repetir en los días que faltan, pero no fue así. Cenamos ensalada con coco, sashimi, arroz y una crêpe de plátano con almidón y coco.

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