Sábado por la tarde

La comida
La comida

Decidimos emprender el regreso. Ascendemos a buen ritmo y, llegados a la cumbre, seguimos rectos. Bajamos despreocupados hasta que, de repente, el camino se acaba. ¿Hemos pasado por aquí al venir? ¿Qué hacemos: regresar para encontrar dónde nos hemos desviado del camino o intentar atajar? Demasiado cansados para volver a subir, ya que llevamos bajando un buen rato. Seguimos bajando, hacia el Norte, siguiendo un camino, cada vez más extrañados del tiempo que nos lleva reencontrar el camino de subida. Cuando ya parecía imposible que nos hubiéramos desviado tanto, llegamos a la zona de la jara y el alcornocal, a las estacas. No puedo resistirme hacerme una foto con la primera.

El reencuentro
El reencuentro

El camino es fácil a partir de ahí, y pronto llegamos al punto de partida.

Para el resto de la tarde, decidimos ir al Salto del Gitano, donde esta vez hay montones de gente. Salimos hacia la Portilla del Tiétar, parando antes de ir a la Tajadilla y en la Báscula. En la Portilla, vemos el nido de cigüeña negra y, finalmente, el buho real, esta vez mucho antes que otros años, ya que algunos habían localizado tanto a la cría como al macho adulto bastante antes de anochecer.

El río
El río

Observando jilgueros

Observando jilgueros

El domingo

El domingo nos limitamos a hacer un tramo de la ruta a la Tajadilla, algo más allá de la Fuente de los Tres Caños, ida y vuelta. El campo está precioso, con el cantueso y la jara en flor. En la Fuente, han empedrado la zona y han puesto algunas mesas en el alisal. Pero ya no hay tritones bajo los caños. Es lo que tiene la civilización.

Pasada la Fuente, nos paramos a observar el río Tajo y sus meandros, desde el mirador. Una cantidad tremenda de pajarillos nos rodean. Los jilgueros nos ofrecen un auténtico espectáculo, revoloteando de rama en rama.

Algunos carboneros hacen acto de presencia y el regreso a los coches es alegre, pues hemos disfrutado un buen día.

El campo en flor
El campo en flor

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