Ya emprendido el retorno, el buceo del día se haría en el atolón de Toau. Los pasos de Toau son Fakatahuna y Otugi. Este último presenta bastantes dificultades: nos soltaban en el azul y picábamos a treinta metros, aleteábamos hasta la entrada del paso, y nos enganchábamos a una profundidad de entre 25 y 28 metros, en una especie de pequeño circo donde realizaban el feeding. Pasados breves minutos, daban la señal de soltarse y se subía rápidamente, arrastrado por la corriente hasta unos 15 metros, con los ordenadores medio locos. Allí de nuevo había unos canales que conducían hasta una piscina de arena poblada de bancos de catalufas y rodeada de cuevas.

Payaso
En Toau pudimos ver de nuevo algunos payasos en sus anémonas, y bancos grandes de roncadores y de catalufas. También era frecuente observar los cangrejos de porcelana en las gorgonias.

Pargo "dogtooth"
Al subir de la segunda inmersión, le pasé la cámara a la dive y en un pequeño golpe de mar se le fue la mano y me dio en la frente un buen golpe con la cámara o el flash. Cuando estaba intentando recobrarme le oigo acuciarme para que subiera el barco, diciendo que estábamos enmedio de la corriente. Preferí ignorarla. No se disculpó hasta bastante más tarde. De todas formas, golpe aparte, los ánimos se habían ido cruzando a lo largo de la semana debido a la actitud altiva, distante y admonitoria de los divemasters franceses.

Tiburón gris de arrecife
Al final del día algunos presentaron sus quejas al capitán, en ocasiones conmigo de traductor simultáneo, lo que imagino que no ayudaba a aclarar la situación. El capitán mostró su extrañeza ya que, la verdad, había venido preguntando en días anteriores si había algún problema. En estas circunstancias se aprecia claramente el carácter diferente de los distintos países: en nuestro caso los americanos, prácticos y bromistas, que no conciben que alguien se calle una queja ni que una broma boba moleste, los franceses, altivos y distantes, que hacen las cosas como creen que deben hacerse sin tener en cuenta a los demás, y los españoles, con ese carácter tan peculiar y difícil de definir que tenemos. Lo que sí notaba el capitán y le chocaba era que la gente no salía especialmente entusiasmada de las inmersiones y eso no era lo habitual en ese crucero. Decía que éramos muy difíciles de contentar. Y no es que las inmersiones no fueran buenas, sino que las expectativas eran muy altas y la gente en general estaba acostumbrada a sitios similares.
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