Por la noche, completamos la travesía hasta el mítico atolón de Fakarava. Allí pudimos observar por primera vez en este viaje algunos peces payaso, que sólo veríamos de nuevo en el cercano atolón de Toau.

Loro
Otra de las atracciones del atolón eran los tiburoncitos, como recién salidos del colegio, auténticas miniaturas de sus mayores. Abundaban los tiburones grises y los napoleones, tanto los grandes verdes como los blancos, generalmente de menor tamaño. Otro atractivo eran los pargos, de enorme tamaño.
Algunos decidieron tomarse un breve descanso y visitar el atolón. Mosquitos aparte, se encontraron con el dueño del barco, que estaba inspeccionando la isla con la intención de montar una segunda base de partida que se alternaría con la de Rangiroa.

Gris
En Fakarava el buceo en los pasos, como N'Garua, eran con el enganche a 30 metros de profundidad, lo que limitaba el tiempo allí a unos 3 o 4 minutos. Tras soltarse, se avanzaba por unos pasos, como surcos longitudinales en el fondo, hacia la laguna, con ocasionales paradas en una piscina de arena.
En el buceo en esquinas, la vida era variada, con grandes espetones, napoleones blancos, loros, gobios dardo, bonitos anthias, pargos y crías de tiburón punta plateada, e incluso algún punta blanca, además de los eternos tiburones grises.
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